Kobe Bryant

Lo admito, el primer Kobe Bryant no me gustaba. Ese chico irreverente que llegó a la liga a finales de la década de los noventa. Kobe tenía ambición, no parecía respetar a las figuras del momento, retaba a Jordan en los all star weekend, no me llenaba los ojos.

Kobe, el Kobe que llevaba el número 8, delgadito, con la cara tan afilada como sus intenciones. Además chupaba una barbaridad, tenía disputas dentro de su propio equipo de los Lakers porque no podía soportar que Shaquille O´Neal fuese el líder del equipo. Recuerdo aquella frase de Shaq tratando de marcar territorio diciéndole a la franquicia algo así como: “Si el pez grande no está contento se irá a nadar en otras aguas”, hablando de él mismo y su sensación de que le estaban comiendo el terreno de una manera irrespetuosa. Kobe además para mi simbolizó ese fin de aquel baloncesto de los ochenta y los noventa en la NBA que tanto me cautivó. Equipos que ganaban el anillo siendo eso mismo, un equipo conjuntado. Aquellos Pistons de principios de los noventa que no eran ni de cerca los mejores pero que en equipo fueron inabordables, aquellos Celtics de Bird, aquellos Lakers de Magic, incluso Jordan no pudo comenzar a ganar hasta que no puso al equipo por encima de su ego. Los Rockets de Olajuwon, los Supersonic de Kemp o los Jazz de Stockton y Malone, tantos y tantos equipos que demostraban temporada a temporada que obviamente había que tener grandes jugadores, pero que se llevaría el gato al agua el que consiguiese ser más equipo, defender mejor, compartir más la pelota en ataque, ser más duro mentalmente, y un sin fin de etceteras que me enamoraban.

Y allí estaba Kobe, reclamando por ambición un puesto en la gloria del baloncesto sin merecerlo aún, tratando de demostrar que podía ganar solo,que le sobraban los compañeros de calidad porque esos reclamaban porcentaje de posesiones. Ese Kobe animal competitivo a mi, en su momento, no me cautivó.

Pero ahí está para mi la grandeza de Kobe Bryant. En sus primeros años tuvo la ambición que un iluminado por los dioses para este deporte debe tener. ¿Por qué esperar a la cola de nadie si estoy preparado?, ¿Donde está escrito que la sumisión es respeto?. Se lo saltó todo. Ese Kobe tenía mi respeto deportivo, pero me seguía pareciendo alguien que no representaba los valores del deporte con corrección, esa era mi forma de parecer en su momento. Él también pasó su crecimiento interior, acusado falsamente de violación, pero teniendo que admitir la infidelidad para con su esposa, consiguiendo vencer la brutal lucha de egos en su franquicia y viendo como Shaq dejaba los Ángeles dejándolo a él como el ganador de la partida.

Pero un buen día, más o menos coincidiendo con el cambio de dorsal, el Kobe del 24 comenzó a ir dejando declaraciones bastante coherentes en los medios. Parecía más sosegado, más maduro, hablaba de la importancia de rodearse de compañeros que le ayudasen a ganar, mensajes que unos años atrás jamás hubieran salido de su boca. Quizás fuese la travesía por el desierto que suponían seis temporadas entrando en play off gracias a auténticas bestialidades suyas en cuanto a estadísticas pero no pasando de primera ronda, quizás fuese el hecho de ser padre que os garantizo que hace ver muchas cosas desde otros puntos de vista, sería un cúmulo de todo eso. Pero para mi sobretodo es que él ya se sabía en la cima, y ahora quería compartir todo. Para mi esa es la gran moraleja de la carrera de Kobe, “Fue ambicioso, despiadado, insultantemente irreverente porque lo tenía que ser, en su naturaleza estaba ser el mejor, era el mejor, y supo dejarse de falsas humildades y pelear hasta verse en su sitio. Y a continuación supo ser desde ahí, desde el trono, un monarca justo y bondadoso, un ejemplo perfecto para nuestro deporte. Supo ser el jugador diez.”

Kobe Bryant se fue ayer, de una forma dolorosa, devastadora, llevándose a su hija con él, dejando a otras tres niñas y a su mujer en una vida marcada para siempre. Es demasiado duro para darle muchas vueltas. Por eso yo he querido reflexionar aquí sobre su carrera y lo que ha significado para mi, no sobre el dolor. Me gusta el Kobe del 8 y el Kobe del 24, porque todos juntos forman una moraleja de gestión de emociones que tiene mucha carga, mucha fuerza. Creo que supo vivir su destino, supo a lo que había venido, lo tuvo muy claro y lo demostró, nadie lo pudo parar. Hoy, pero no hoy porque haya fallecido, con hoy me refiero a en la actualidad, cualquier jugador de los que se sintieron intimidados y agredidos por Kobe Bryant eran amigos íntimos y lo admiraban, Lebron, Jordan, Shaq, Mcgrady, Duncan, Garnett…., tantos y tantos enemigos en las pistas que luego sembraron respeto a su paso.

Se ha ido la persona, pero ahí queda para mi la lección de vida. Gracias por la determinación, por las noches mirando tus partidos, por demostrar que un padre es aquel que se esfuerza por encontrar tiempo de calidad con sus hijos, por mirar a la vida a la cara y no esconder tu personalidad en ningún momento de tu existencia, por dignificar el deporte, por tu valentía. De un fan de Jordan que ha sabido verte en toda tu grandeza.

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